¿Qué vamos a hacer? / Pedro Piñate

¿Qué vamos a hacer? / Pedro Piñate

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Sobre nuestra economía y las señales del mercado, todos en Venezuela debemos reflexionar, incluyendo los controladores del Estado. Y es que las señales del mercado son como las luces del semáforo: se anda con la verde, se va deteniendo con la amarilla, y la roja ordena pararnos por completo. Pero ojo, si la roja no cambia y dura más de lo normal, los conductores parados sin razón finalmente se comerán la luz. Algo similar sucede con el mercado controlado. Estando en rojo permanentemente, hay que pasárselo aún pagando el enorme sobreprecio que significa no poder producir, comprar y/o vender libremente sin más restricciones que las del mercado. Sin duda el semáforo controlador de nuestra economía, nunca ha servido. Pegado en rojo cambia apenas catatónicamente a amarillo cuando ajustan los precios. Así no permite haya más producción y circulación de bienes como se necesitan. Por el contrario si pasara a verde, raudos se moverían todos los actores económicos incluyendo hasta el pesado paquidermo gobierno.

Siendo las señales deseables del mercado las positivas, estas deben ser claras y tangibles, que se sientan en los bolsillos. De allí que si la economía de Venezuela se quiere estimular, buenas señales al mercado tendrán que dar. Hasta entonces seguirá el carro de la economía parado en el semáforo en rojo de los dañinos controles.

Mientras los días pasan y el nivel de vida de los venezolanos desciende junto al bolívar (Bs.) que no para de devaluar. Es tan grande la crisis venezolana que supera a la Gran Depresión de Estados Unidos (1929-1933), de la que salieron con ejemplar determinación nacional. De la entereza que es fundamental para resolver cualquier crisis, excelente inspiración encontré releyendo a John Steinbeck (Las Viñas de Ira): “Pasado un rato, los rostros atentos de los hombres perdieron la expresión de perplejidad y se tornaron duros y airados, dispuestos a resistir. Entonces las mujeres supieron que estaban seguras y que sus hombres no se derrumbarían. Luego preguntaron: ¿Qué vamos a hacer? Y los hombres replicaron: No sé. Pero estaban en buen camino. Las mujeres supieron que la situación tenía arreglo, y los niños lo supieron también. Unos y otros supieron en lo más hondo que no había desgracia que no se pudiera soportar si los hombres estaban enteros”.

ppinate@gmail.com

El Universal