El pan es el tercer alimento más consumido en Venezuela

El pan es el tercer alimento más consumido en Venezuela

330
0
Compartir

Para los venezolanos, el pan forma parte de nuestra cultura, de nuestros hábitos de consumo. De allí las numerosas panaderías por todos los rincones del país.

El pan sentó las bases para el desarrollo de sociedades y culturas. Hoy, en sus diversas formas alrededor del mundo, es un elemento casi infaltable en cada mesa.

El pan, derivado del trigo, es el tercer alimento más consumido en Venezuela, con un 69,7% de destino de compra.

Así lo confirmó la Encuesta sobre Condiciones de Vida de los Venezolanos 2016 (Encovi2016), divulgada el pasado mes de febrero, realizada por las Universidad Central de Venezuela (Ucab), la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) y la Fundación Bengoa, y en la que entrevistaron 6.500 familias en 23 ciudades del país.

El pan en Venezuela es consumido es diversas presentaciones: canilla (una variante del pan Baguettel), francés (y la versión más pequeña del Baguettel), campesino (es más grande que el pan canilla); sobado, gallego, de ajonjolí, integral con y sin pasas, de maíz, de queso, de acema; pan andino, dulce, de leche, de guayaba, para hamburguesa, perro calientes y pan de jamón, entre otras versiones de acuerdo a la región del país.

Esta encuesta también confirma que la población venezolana lo que más consume es harina de maíz (84%), y arroz (71%), seguido de hortalizas y tubérculos en cuarto lugar con 63% y 52%, respectivamente. Datos que coinciden con la tendencia de la última década registrada por el Instituto Nacional de Estadísticas, órgano que dejó de difundir las cifras de consumo de alimentos hasta noviembre de 2014.

El grupo de los cereales es el primer aportador de energía, proteínas, carbohidratos, hierro, riboflavina, niacina, tiamina y vitamina a caracterizándose sus aportes energéticos y nutricionales, señalan los investigadores Edgar Abreu y Elvira Ablan en su artículo ¿Qué ha cambiado en Venezuela desde 1970 a 2004 en cuanto a la disponibilidad de alimentos de alimentos para el consumo humano?

“Comemos pan y pasta en Venezuela no sólo por su practicidad (motivo conveniencia), sino por razones históricas. Estamos enraizados con naciones europeas”, afirma el experto agroalimentario y profesor de la ULA, Daniel Anido.

El especialista internacional del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura y coordinador del Centro de Agronegocios del Instituto de Estudios Superiores de Administración (Iesa), Carlos Machado Allison, señala en su libro “Consumo de alimentos en Venezuela (2007), que “efecto, la influencia de la inmigración europea de las post guerra tuvo un importante impacto sobre la dieta nacional, entre otras cosas porque determinó un crecimiento en la demanda de productos derivados del trigo (pan y pasta). El maíz y el trigo ocupan alrededor del 87% del consumo de cereales en Venezuela”.

La antropóloga, Ocarina Castillo, viene insistiendo en que el pan debe ser reivindicado, precisamente por su significación. “La base alimentaria de las civilizaciones es el pan porque ha aportado la energía necesaria para el trabajo cotidiano con el que se han construido. Pero además, el pan es símbolo de hogar, de familia, de calidez, de encuentro, por lo que cuando se renuncia a él no solo se dejan de lado sus nutrientes o su sabor, sino que se renuncia a la carga de memoria, tradición y disfrute que lleva consigo. No podemos olvidarnos del pan porque al final renunciamos a un trozo de nosotros mismos”.

¿“Guerra del pan”?

La semana pasada, el pan estuvo en la palestra pública, tras la medida del Gobierno nacional de fiscalizar las panaderías tras alegar una “guerra del pan”. El resultado: 26 panaderías cerradas, tres tomadas y pasadas a manos de los Clap (Comités locales de abastecimiento y producción). Mansion’s Bakery, Inversiones Rol 2025, y Los Robles en Catia, son los nombres de las panaderías expropiadas.

La gran mayoría de las panaderías son propiedad de lusos. Inclusive, algunas se han convertido en símbolos o emblemas de las zonas donde se encuentran.

El superintendente para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos, William Contreras, justificó la expropiación de los locales al acusarlos de cobrar las barras de pan por encima del precio, acorde a su peso, establecido por el gobierno.

“Tienen producción continua, pero ¿cuál es la primera novedad? Que el pan canilla (barra de pan) debe pesar 180 gramos. Estos señores lo procesan en 140 gramos y lo cobran como de 180”, denunció Contreras en el diario oficialista Ciudad Caracas.
El operativo, según Contreras, también dejó cuatro personas detenidas.

Contreras ordenó que el 90% de la harina vaya destinada a la elaboración del pan canilla y francés, estos con precios regulados por el Gobierno.

El último precio fijado para la barra de pan es de 250 bolívares; sin embargo, en la calle se consigue hasta en 900 bolívares (1,2 dólares).

Actualmente, tanto el trigo, como la harina de trigo son 100% importadas y solo los entes del Gobiernos son los autorizados para comprarlos en el exterior y su posterior distribución. Los privados no pueden importar sin autorización del Estado.

El profesor y exdecano de la Facultad de Agronomía, Werner Gutiérrez, señala que “Venezuela presenta un consumo per cápita de trigo que lo ubica entre los primeros tres lugares del mundo. Nuestro consumo interno está sobre las 1,2 millones de toneladas de trigo por año, eso implica por ser un rubro totalmente importado, que a nuestros puertos deben arribar alrededor de 100 mil toneladas cada mes, hecho que no está ocurriendo, teniendo un déficit de aproximadamente el 50 % de lo demandado. Esa es la verdadera causa de la escasez de pan en las panaderías venezolanas, no hay otra”.

El también profesor de Filosofía en la Universidad Simón Bolívar, Erik Del Búfalo, repudió las intervenciones de las panaderías en Caracas y escribió en su cuenta en Twitter: “No solo se ataca el pan, se ataca el trabajo, la superación personal y el espíritu de empresa y servicio que encarna el panadero”.

Agregó: “A diferencia del petróleo, el pan es obra del esfuerzo, el ingenio y el emprendimiento humano. Desde antiguo, un signo de civilización”.

Origen del pan de trigo en Venezuela

Según un artículo en la revista Estampas de El Universal, “no está muy claro en qué momento llegó el trigo a las costas venezolanas, pero algunos presumen que fue a principios del siglo XVI, cuando el capitán Juan de Ampíes, recordado por haber fundado Santa Ana de Coro en 1527, decidió experimentar con este cultivo asiático en las cálidas tierras falconianas. Tratando de conseguir tierras más altas y óptimas para su cosecha, el trigo se paseó por El Tocuyo, sentando la base de una tradición panadera que aún se mantiene viva; sin embargo, fueron las cimas merideñas y tachirenses las que le proporcionaron al trigo mejores condiciones para quedarse, ganando terreno -aunque cueste trabajo creerlo- como el principal producto de exportación criolla para el año 1605”.

Fue en el siglo XIX cuando se instauraron las panaderías francesas, de las cuales Caracas recibió en herencia la canilla o bagette, el más popular de esta época. Había cobrado el pan tanta importancia en la dieta diaria, que su precio estaba controlado por el Estado.

Aunque en los Andes todavía existen molinos de piedra movidos por energía hidráulica para procesar el trigo, y hornos de arcilla y leña, la panadería El Torbes es uno de los casi inexistentes reductos de pan criollo en Caracas.

Conocida fue en El Tránsito, Maracaibo, la panadería Boconó con su famoso bolillo. Y en Barquisimeto la de Furiati, en cuyas alacenas temprano se agotaba el pan de trigo, una suerte de pan francés más bien suave, que viene a ser lo mismo que el pan de piquito o pan de a locha, como se le llamaba aun después de desaparecida la moneda de 12 céntimos.

También se recuerda en tierra larense el bizcocho guamero o burrero, redondeado en la punta, espumoso y salado, que se acompañaba de café con leche o se le sacaba el centro y se rellenaba con cerdo, carne o pollo, se rebosaba y freía para regocijo de los más glotones.