El hambre arrecia / Pedro Piñate

El hambre arrecia / Pedro Piñate

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“la crisis alimentaria tiende a agravarse sin solución a la vista”

Tal como muchos advertimos al instaurarse la Ley de Tierras y demás políticas que acabaron con el campo, este 2017 el hambre arrecia en Venezuela. Los compatriotas hambrientos y sin dinero en su desesperación, se alimentan es con basura. Así comer basura es común en las calles de cualquier ciudad, siendo apenas la punta a la vista del gigantesco iceberg del hambre y la desnutrición que hace estragos entre los grupos vulnerables de la población. Tan cierto como inverosímil es el drama de nuestro “rico” país petrolero cuyos ingresos ordinarios y extraordinarios por el alza de los precios internacionales del crudo, se dilapidaron en ayudas no reembolsables a otros países o desaparecieron entre los beneficiarios de la corrupción. Mientras el país se abandonó a su desgracia al apoderarse el Estado de todo y de todos, golpeando la iniciativa e inversión privada hasta espantarla. El país se hizo uno de deberes sin derechos para los ciudadanos, y derechos sin deberes para el Estado.

Ante este panorama, los venezolanos sufrimos las consecuencias del estatismo Castro-comunista en el cual los pobres son los que más sufren. Estando requeridos de la ayuda social, la poca que reciben del Estado por ser clientelar, no les soluciona el hambre. Por su parte la clase media empobrecida sufre también en medio de la escasez de alimentos y bienes esenciales más perversa inaceptable en un país con tantos recursos. El saqueo sistemático del Tesoro, el agotamiento de las Reservas Internacionales, el alegre endeudamiento externo, el gasto público sin medida, la caída de la producción petrolera y la corrupción impune, impiden toda posibilidad de solución del hambre que arrecia mientras estas condiciones persistan.

De allí que la crisis alimentaria tiende a agravarse sin solución a la vista. Por un lado no hay producción interna sin insumos ni condiciones para producir. Por otro, no se importa el déficit al consumo de alimentos al destinarse las divisas disponibles para amortizar deuda externa y evitar el incumplimiento de pagos. Al mismo tiempo la hiperinflación y la devaluación acabaron el poder adquisitivo de la población que entonces no come. Sin liderazgo efectivo ni determinación nacional, la comida de los venezolanos sigue tan incierta que los políticos de un lado y de otro, no hayan ya a quién embaucar.

Ref. Pedro E. Piñate B. El hambre arrecia. Notas Agropecuarias. Jueves 17/08/2017. N