Agroinversión: pésimas señales / Pedro Piñate

Agroinversión: pésimas señales / Pedro Piñate

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Haciendo historia, la década de los 50 fue una de progreso azucarero duplicándose la incipiente producción nacional. Para los 60, modernos centrales azucareros habían reemplazado casi los viejos trapiches, sustituyendo en 75% la producción y consumo de papelón por el de azúcar refinada nacional. En el estado Lara con el apoyo de la Corporación Venezolana de Fomento – CVF, se constituyeron en 1952 los centrales azucareros privados C.A. El Tocuyo en El Tocuyo, y el Central La Pastora en Carora. En 1956 se constituyó el Central Río Turbio. Con ellos  se desarrolló por casi cinco décadas la pujante cañicultura larense. En 2001 fue estatizado el central El Tocuyo bajo convenio Venecuba, y este octubre 2017 los centrales Río Turbio y La Pastora fueron “ocupados” a punta de fusil. Los comunistas se habían tardado.

Sobre el moderno y eficiente Central La Pastora, recordamos aquí a sus fundadores Ricardo Riera, Augusto Álvarez y José Alejandro Riera, progresistas cañicultores y ganaderos caroreños. Con la experiencia de los trapiches y cañaverales de sus haciendas La Pastora, Libertad y Montevideo, decidieron industrializar conjuntamente la molienda de sus cañas. Haciendo eso impulsaron la producción en las áreas de influencia que evolucionaría en los 65 años desde su fundación, hasta moler 1.600.000 toneladas de caña anuales. Tras la “ocupación” es incierto el destino de sus 1.700 trabajadores de fábrica y campo, así como el empleo indirecto que alcanza a 5.000 personas. También están en peligro inminente de invasión, despojo y pérdida por la ineficiente administración estatal, las 10.500 hectáreas de caña financiadas por el Central La Pastora para la zafra 2018.

Mientras la medida de “ocupación” de los centrales Río Turbio y La Pastora, y detención preventiva de sus directivos, desdice del Estado de Derecho y envía pésimas señales a la agroinversión privada que vuela y se espanta. Sin ella no hay aumento de producción posible sino disminución. Tan solo resolver el déficit azucarero requiere desarrollar sobre 200.000 ha de caña desde las escasas 90.000 ha actuales. Los venezolanos hoy sobrevivimos sin azúcar, otros alimentos y bienes básicos, cuatro años seguidos de recesión y crecimiento negativo, con devaluación e hiperinflación incontroladas. Así, ¿cuánta más hambre y miseria soportamos?

ppinate@gmail.com

El Universal